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jueves, 13 de enero de 2011

El Prado

Esta historia, no es mía, es de alguien que está en proceso de buscar y encontrar lo que quiere, lo que desea, lo que ya es suyo!

"A las 12.05 el hombre recibió un email. En el asunto figuraba una frase breve: “No hay más trabajo por hoy”. Maldita crisis, pensó el hombre. El volumen de trabajo iba decreciendo a marchas forzadas y la desesperanza empezaba a decorar cada rincón de la desangelada oficina. El hombre, cabizbajo, acunó su frente entre las manos. Maldita crisis, se repetía.

La mañana era soleada; uno de esos días primaverales que a veces regala el invierno, así es que el hombre –forzosamente ocioso- decidió marcharse al campo a buscar espárragos silvestres. Después de unos minutos llegó al prado en el que solía encontrar habitualmente espárragos en abundancia llegada esta época. Pateó los caminos sin apenas apreciar la belleza de los arroyos ni sus secretas sinfonías; el trino de los pájaros que tras su paso huían. Pero anduvo y anduvo hasta que el sol le hizo sentir un frío sudor en la espalda. Llegó al final del prado...y no encontró ni un solo espárrago. Mal día, se lamentó. A sus pies un nuevo prado, verde y colmado de aromas, le abría sus puertas. El hombre nunca había pisado ese prado. Jamás había buscado espárragos en otro prado que no fuera el suyo. Sin embargo, aventuró un paso y después otro y se fue adentrando en el nuevo prado.

Mientras caminaba el hombre pensaba; “Si a mi amigo Juan le ha llegado el amor después de tantos años ¿por qué a mí no ha de llegarme? Si mi primo Pedro después de tanto tiempo es feliz en su trabajo, ¿por qué no he de serlo yo? Si escucho en ocasiones la destreza de mi vecino al tocar su instrumento de manera tan brillante, ¿por qué esa facultad habría de estarme vetada?

En esos y en otros pensamientos andaba cavilando cuando se detuvo en mitad del nuevo prado y al agacharse vio un enhiesto y tierno espárrago. Admiró su color entre verde y marrón, aún brillante por el rocío de la mañana, irguiéndose casi desafiante. A su lado otro espárrago -más pequeño- se escondía acariciando la piel de la encina. Y hubo otro más...y aún otro. Y pronto el hombre recolectó tantos esparraguillos, que su mano se hizo pequeña para albergarlos.
Y de vuelta a casa uno de los rayos de sol que parecían acariciar el verdor del prado le acarreó una sonrisa. "
A veces, es necesario salir de nuestro prado, para encontrar lo que buscamos.....
Espero que puedas sacarle tu propia enseñanza.

4 comentarios:

Miguel Canser dijo...

Por casualidad he tropezado con tu blog. Después de un vistazo rápido (demasiado diría yo) he comprobado lo interesante que es por los temas que aborda. Me he prometido volver a visitarlo. Enhorabuena.

Anónimo dijo...

Merci d'avoir un blog interessant

Paloma dijo...

Me ha gustado mucho tu blog, Concha, y en especial, me conecta esta historia. Enhorabuena.

Paloma dijo...

Me ha gustado mucho tu blog, Concha, en especial esta historia. Me conecta. Gracias por compartirla y enhorabuena. Nos vemos